Dulzura, ternura, bondad, paz, amor… las palabras más bonitas creadas por el ser humano eran las que resonaban en tu cabeza cuando estabas con ella, con Kyoko. Porque Kyoko era todo eso y mucho más. Y yo la amaba, la amé desde el día en que llegó en una jaulita a mis manos, totalmente confiada de que llegaba a un buen lugar. Me maravillaba su bondad de corazón, su saber estar pacífico, siempre tranquilo transmitiendo un aura de bienestar. En los años que pasó conmigo jamás la oí dar un solo gruñido a uno de sus compañeros. Ella era capaz de ceder hasta su comida con tal de no enfadarse con nadie. Se hacia amiga de cualquier ser vivo ya fuera perro, gato o conejo, cuidándolo y tratándolo con la misma dulzura que ella desprendía. Sabía cuando uno de sus compañero estaba gravemente enfermo y no se separaba de su lado durmiendo junto a el. Con lo callada que era ante la escandalosa manada que tengo, daba la sensación de pasar desapercibida y sin embargo se hacia notar tanto…. Mi Kyoko fue una de las mayores bendiciones que he podido recibir en esta vida y estoy tan agradecida de que el destino me diera la oportunidad de ser yo quien la encontrara en una foto de la perrera y decidiera salvarla, que no tengo palabras suficientes de agradecimiento. Soy consciente de la edad que tenía, sabía que en algún momento no muy lejano tendríamos que separarnos, pero ¿Quién quiere que llegue ese momento? Yo no, y ha sido tan repentino y brutal que ha destrozado este corazón tan tocado por tanto sufrimiento de tantas otras veces. Yo la adoraba y el día 22 cuando cumplió los 17 años me sentía >inmensamente feliz. Ella se atiborró a salchichas y quesitos. Y tenía una cunita que me había dado mi amiga Kristina y pensé: Esta es para Kyoko, le va a encantar. Y decidí regalársela por reyes. Qué necia. Debí habérsela dado por su cumpleaños. Aquí me quedan recuerdos maravillosos con ella y estos pequeños detalles que causan dolor. Me quedan imágenes preciosas y también las últimas imágenes de su pequeño cuerpecito aguantando lo inaguantable antes de decidir dormirla. En solo tres días se me ha escurrido entre los dedos y la he tenido que dejar marchar. La voy a echar muchísimo de menos, ya lo estoy haciendo. Ella era mi ángel particular, con la que nunca podías estar enfadada y siempre te sacaba lo bueno que llevabas dentro. Era un ser tan especial que solo 30 segundos te bastaban para enamorarte de ella. Mi dulce niña…
Video: https://youtu.be/kANwz-uVgxE