Querida MEGAN, hace poco perdiste tus habilidades para comunicar alegría. Alejaste la cabeza y tu cuerpo dentro de tu canasto y tu voz se redujo a un débil gemido cuando no lograbas ponerte en pie a la primera. Ayer, después de la primera inyección pudiste encontrar rápidamente la paz. Puse mi mano sobre tu torso, ya que se elevó arriba y abajo con cada respiración. Estábamos Julia y yo ahí, contigo. Apenas unos segundos después de la inyección sentí que tu espíritu pasaba a través de mi cuerpo. Incapaz de contener las lágrimas, lloramos lágrimas de alegría por liberarte del sufrimiento. Lloramos lágrimas de tristeza por la pérdida de tu compañía. Lloramos lágrimas de dolor por la cantidad de pena que tenemos por delante. Nos consuela el hecho de que tú estarás aquí con nosotros hoy, mañana, y siempre. Te llevaremos en el corazón hasta el final de nuestros días. Siempre voy a recordar el amor incondicional que me llevó a cuidar de ti y todo el amor incondicional que tú tuviste hacia todos nosotros. Gracias por enseñarme lo que significa ver la vida desde la perspectiva de un perro».